Mi perro cojea: causas, cuándo es urgente y qué hacer
Que un perro cojee es uno de los motivos de consulta más frecuentes, y detrás puede haber desde una espina clavada en la almohadilla hasta una rotura de ligamento, una artrosis o un problema de cadera. Explicamos las causas más habituales según la edad y el tipo de cojera, qué señales convierten una cojera en urgencia, qué puedes hacer en casa mientras tanto y cuándo hay que acudir al veterinario sin esperar.

La cojera es la dificultad o el cambio en la forma de apoyar y mover una pata, y no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma: la manera que tiene el perro de decir que algo le duele o no funciona bien en esa extremidad. Puede ir desde algo tan simple y pasajero como una espina clavada en la almohadilla hasta un problema serio de articulación, ligamento o hueso. Por eso lo importante no es solo ver que el perro cojea, sino saber leer cómo lo hace y qué otras señales lo acompañan.
Muchas cojeras leves se resuelven solas con reposo, pero otras esconden una lesión que empeora si se ignora. En este artículo explicamos las causas más frecuentes según la edad del perro, cómo distinguir una cojera banal de una que no puede esperar, qué puedes hacer mientras llegas a la clínica y cuándo hay que acudir al veterinario sin demora.
Cómo mirar una cojera antes de asustarte
No todas las cojeras son iguales, y fijarte en algunos detalles ayuda a orientar la gravedad y a explicárselo bien al veterinario.
- Qué pata es y si apoya o no. Una cojera en la que el perro sigue apoyando algo la pata suele ser menos grave que otra en la que no la apoya en absoluto y la lleva siempre en el aire. Que un perro no cargue nada de peso sobre una extremidad es una señal de dolor importante.
- Si es de repente o poco a poco. Una cojera que aparece de golpe apunta más a un traumatismo, un corte o una torcedura. Una que empieza sutil y va a más con las semanas o los meses sugiere un problema crónico de articulación, como una artrosis.
- Si va y viene o es constante. Hay cojeras que solo se notan al levantarse, después del reposo, o tras un día de mucho ejercicio, y otras que están presentes todo el rato.
- Delantera o trasera. No es lo mismo una cojera de las patas de delante que de las de detrás, porque las causas típicas cambian, como veremos.
Con esos datos y con la edad del perro, se puede ir acotando bastante qué está pasando, aunque el diagnóstico definitivo siempre lo pone el veterinario.
Causas más frecuentes de cojera
Las razones por las que un perro cojea son muy variadas. Estas son las más habituales en la consulta:
- Heridas y problemas en la almohadilla o las uñas. Es una de las causas más comunes y a veces la más fácil de pasar por alto. Una espina o un cristal clavado, un corte en la almohadilla, una quemadura por asfalto caliente o una uña rota o partida duelen mucho y hacen cojear de golpe. Muchas veces se ven a simple vista revisando la pata con calma.
- Torceduras y sobreesfuerzos. Un mal apoyo al saltar, una carrera brusca o un resbalón pueden provocar un esguince o una contractura muscular. Suelen mejorar con reposo en pocos días.
- Artrosis y artritis. El desgaste de las articulaciones es una causa muy frecuente de cojera en perros mayores y de razas grandes. Cursa con rigidez, sobre todo al levantarse tras el descanso, y dolor que empeora con el frío y el ejercicio intenso. Lo desarrollamos en la guía sobre artritis en perros.
- Displasia de cadera o de codo. Son malformaciones del desarrollo de la articulación, frecuentes en razas medianas y grandes, que provocan dolor y cojera progresiva desde joven o en la edad adulta. Puedes leer más en el artículo sobre displasia de cadera en perros.
- Rotura del ligamento cruzado. Es una de las causas más habituales de cojera repentina en la pata trasera, especialmente en perros de tamaño medio y grande. El perro deja de apoyar bien y la cojera no termina de irse; suele necesitar valoración quirúrgica.
- Luxación de rótula. La rótula que se sale de su sitio es frecuente en perros pequeños. Provoca una cojera muy característica: el perro da unos pasos con la pata trasera encogida, "a la pata coja", y luego vuelve a apoyarla como si nada.
- Problemas de crecimiento en cachorros. En perros jóvenes de razas grandes existen cojeras ligadas al desarrollo de los huesos que pueden cambiar de una pata a otra. Casi siempre requieren revisión veterinaria para descartar problemas más serios.
- Fracturas. Tras una caída, un atropello o un golpe fuerte, una fractura provoca una cojera intensa, dolor y, a menudo, que el perro no apoye nada la pata. Es una urgencia.
- Causas menos evidentes. Algunas enfermedades transmitidas por garrapatas y otros parásitos pueden cursar con dolor articular y cojera, y ciertos tumores óseos, más frecuentes en razas grandes, se manifiestan como una cojera que no mejora acompañada de hinchazón en una zona del hueso. Por eso una cojera persistente siempre merece que la vea un profesional.
Qué suele haber detrás según la edad
La edad del perro es una pista muy útil para orientar la causa.
- Cachorros y perros jóvenes. Predominan los traumatismos, las heridas en la pata, las cojeras ligadas al crecimiento en razas grandes y, en perros pequeños, la luxación de rótula. Una cojera en un cachorro nunca conviene minimizarla.
- Perros adultos. Cobran protagonismo las lesiones de ligamento, sobre todo la rotura del ligamento cruzado, además de los sobreesfuerzos y las heridas.
- Perros mayores. La artrosis pasa a ser la causa más frecuente. También hay que estar atento, en razas grandes, a cojeras persistentes con hinchazón que merecen descartar problemas óseos serios.
Estos son patrones generales, no reglas fijas: un perro mayor también puede clavarse una espina y un cachorro puede tener un problema articular. La valoración veterinaria es la que confirma qué ocurre en cada caso.
Cuándo una cojera es una urgencia
La mayoría de las cojeras leves pueden esperar a la consulta normal con reposo, pero hay situaciones en las que no se debe esperar. Acude al veterinario de inmediato, como una urgencia veterinaria, si tu perro:
- No apoya nada la pata y la lleva siempre en el aire.
- Cojea tras un golpe fuerte, una caída de altura o un atropello.
- Tiene la pata en una posición anormal, muy hinchada o con una herida abierta que sugiera fractura.
- Arrastra la extremidad o parece no controlarla, lo que puede indicar un problema neurológico y no solo de la pata.
- Tiene mucho dolor, se queja al tocarle, no quiere moverse o no come.
- Tiene fiebre o decaimiento junto a la cojera.
- Cojea sin mejorar después de dos o tres días de reposo, o la cojera reaparece una y otra vez.
Ante cualquiera de estas señales, cuanto antes lo valore el veterinario, mejor será el pronóstico y menor el riesgo de que una lesión tratable se convierta en un problema crónico.
Qué puedes hacer en casa mientras tanto
Si la cojera es leve, tu perro apoya la pata y no hay ninguna de las señales de urgencia anteriores, puedes tomar algunas medidas mientras observas cómo evoluciona:
- Revisa la pata con calma. Mira las almohadillas, entre los dedos y las uñas por si hay una espina, un corte, una uña rota o algo clavado. Hazlo con suavidad, porque si duele el perro puede intentar morder.
- Impón reposo. Evita carreras, saltos, juegos bruscos y escaleras. Saca al perro solo lo justo y siempre con correa para que no fuerce la pata. El reposo es el mejor tratamiento inicial para muchas cojeras leves.
- Controla el peso. El exceso de kilos sobrecarga las articulaciones y empeora cualquier problema de patas. Si tu perro tiene sobrepeso, es un buen momento para ponerle remedio, como explicamos en la guía sobre obesidad en perros.
- No le des medicamentos por tu cuenta. Este es el punto más importante. Muchos analgésicos y antiinflamatorios de uso humano son tóxicos para el perro, incluso en dosis pequeñas. Nunca le des nada sin que lo indique el veterinario.
- Observa y anota. Fíjate en si mejora, empeora o sigue igual, en qué momentos cojea más y si aparece hinchazón. Esa información será muy útil en la consulta.
Si tras dos o tres días de reposo la cojera no ha mejorado, o si en cualquier momento aparece alguna señal de alarma, no sigas esperando y acude al veterinario.
Cómo se diagnostica y se trata
En la consulta, el veterinario explora al perro para localizar de dónde viene el dolor: revisa cada articulación, palpa la musculatura, comprueba la estabilidad de las rodillas y observa cómo camina. Según lo que encuentre, puede completar el estudio con radiografías para ver huesos y articulaciones, y en algunos casos con analíticas u otras pruebas de imagen.
El tratamiento depende por completo de la causa. Una herida en la almohadilla se limpia y se cura; una torcedura mejora con reposo y, si hace falta, antiinflamatorios pautados; una artrosis se maneja con control del peso, ejercicio adecuado, medicación para el dolor y, a veces, condroprotectores o fisioterapia; una rotura de ligamento o una displasia con mucho dolor pueden requerir cirugía. Por eso no existe un "remedio para la cojera" único: lo que ayuda en un caso puede ser inútil o contraproducente en otro, y de ahí la importancia del diagnóstico.
Cuándo acudir al veterinario
Acude sin esperar si tu perro no apoya la pata, cojea tras un golpe o una caída, tiene la extremidad hinchada o deformada, arrastra la pata, muestra mucho dolor, tiene fiebre o decaimiento, o si la cojera no mejora en dos o tres días de reposo. Una cojera leve en la que el perro sigue apoyando y no hay más síntomas puede observarse un par de días con reposo, pero ante la duda siempre es más prudente que lo valore un profesional.
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Preguntas frecuentes
¿Mi perro cojea pero no se queja, es grave? No quejarse no significa que no le duela. Los perros toleran y disimulan el dolor mucho más de lo que creemos, y muchos con artrosis o con una lesión de ligamento apenas emiten sonidos. La cojera en sí ya es la forma que tiene el perro de decir que algo le molesta. Si persiste más de dos o tres días, aunque no llore, conviene que lo vea el veterinario.
Mi perro cojea de una pata trasera de repente, ¿qué puede ser? Una cojera trasera repentina en un perro adulto de tamaño medio o grande hace pensar con frecuencia en una rotura del ligamento cruzado de la rodilla. En perros pequeños, una causa muy típica es la luxación de rótula, con esa cojera "a saltos" que aparece y desaparece. También puede deberse a una torcedura o a una herida en la pata. Como no es fácil distinguirlo desde casa, lo mejor es una valoración veterinaria.
¿Puedo darle un antiinflamatorio para el dolor? No sin que lo indique el veterinario. Muchos analgésicos y antiinflamatorios de uso humano, como el ibuprofeno o el paracetamol, son tóxicos para el perro y pueden causar daños graves en el estómago, el riñón o el hígado incluso en cantidades pequeñas. Si tu perro tiene dolor, el veterinario le pautará un medicamento seguro y en la dosis adecuada para su peso.
¿Cuánto reposo necesita un perro que cojea? Depende de la causa, pero como norma general, ante una cojera leve conviene mantener reposo estricto (nada de carreras, saltos ni juegos) durante dos o tres días y observar la evolución. Si mejora, se retoma la actividad de forma gradual. Si no mejora en ese tiempo o empeora, hay que acudir al veterinario en lugar de prolongar el reposo indefinidamente.
Mi perro cojea al levantarse pero luego se le pasa, ¿es normal? Esa rigidez que aparece tras el descanso y mejora con el movimiento es muy típica de la artrosis, sobre todo en perros mayores. No es "normal" en el sentido de que sea inofensiva: es un signo de que las articulaciones están desgastadas y el perro tiene dolor articular. Se puede manejar muy bien con tratamiento, así que merece la pena comentarlo con el veterinario y no atribuirlo simplemente a la edad.
Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye la consulta veterinaria. La cojera es un síntoma con muchas causas posibles, desde lesiones leves hasta problemas óseos o articulares serios, y su diagnóstico y tratamiento deben ser establecidos siempre por un profesional veterinario tras explorar al animal. No administres ningún medicamento a tu perro sin indicación veterinaria.
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